domingo, 19 de junio de 2011

Eutanasia, la esperanza de una muerte digna

Hechos recientes
El pasado viernes 3 de junio de este año falleció el doctor, defensor del suicidio asistido, Jack Kevorkian, a quien muchos lo llamaban: “Doctor Muerte”. Falleció de 83 años de edad. Este médico obligó a Estados Unidos a confrontar los problemas éticos en torno a la forma de tratar el dolor y sufrimiento en los enfermos terminales, cuando en 1990 salieron a luz pública su máquina de suicidio asistido “Thanatron” (máquina de la muerte); así como los videos de sus pacientes, rogándole que les ayude a morir. El Dr. Kevorkian de origen armenio, pasó más de ocho años en la prisión por la muerte que mediante suicidio asistido; y que además fue grabado y pasado por la televisión. El mismo Dr. Kevorkian declaró ante The New York Times en 1990, tras realizar su primer suicidio asistido con Janet Adkins, una maestra de Oregon que sufría de Alzheimer: “Mi objetivo final es hacer que la eutanasia sea una experiencia positiva”. Asimismo, este médico afirmó que ayudó a más de 130 personas a morir, emitiendo una declaración contundente a la cadena de televisión CNN, en entrevista realizada el año pasado: “No me arrepiento de nada en absoluto”.[i]
El escritor y realizador Terry Prachett defendió la emisión de su controvertido documental el 13 de junio en la cadena BBC, titulado: “Eligiendo morir”, sobre la muerte asistida o eutanasia de un hotelero británico multimillonario de 71 años de edad, de nombre Peter Smedley, quien estuvo afectado de una dolencia motora que para terminar con su vida acudió a la clínica suiza Dignitas. Diversas organizaciones criticaron a la emisora pública por la emisión del documental que propicia la promoción del suicidio asistido y la vez de alentar a otras personas a que sigan el ejemplo de Smedley.[ii]
Estos dos hechos relevantes y recientes en materia de eutanasia motivan a revisar las concepciones que hay detrás de este tabú por parte de médicos, religiosos y abogados que por formación profesional se convierten en formadores de opinión entre los miembros de la sociedad, por un lado. Por otro lado, se percibe desconocimiento y desconcierto sobre los aspectos de carácter ético, que provoca sentimientos de culpa entre los familiares con enfermedades degenerativas en su fase final y angustia entre los propios enfermos terminales, cuando mediante diálogo entre autoridades legislativas, judiciales y círculos de médicos y representantes de las iglesias se pueden establecer los mecanismos necesarios para ser aplicados en los actos de eutanasia.
Generalidades
El concepto etimológico de la palabra eutanasia, de origen griego, es: “ευ eu (“bueno”) y θάνατος thanatos (“muerte”)[iii]. De acuerdo con el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE): es la acción u omisión que, para evitar sufrimientos a los pacientes enfermos o terminales, acelera su muerte con su consentimiento o sin él. También indica el DRAE que eutanasia es la muerte sin sufrimiento físico.[iv]
Para la catedrática Marina Gascón Abellán «la eutanasia consiste en provocar la muerte de otro por su bien, lo cual conduce necesariamente a acotar las circunstancias y supuestos (mayoritariamente ligados al contexto médico-asistencial) que dan sentido a esta actuación humanitaria, piadosa y compasiva. Para Gascón el elemento central que define la eutanasia no es la concurrencia o ausencia del consentimiento del sujeto que muere, ni la modalidad activa u omisiva de la conducta que provoca la muerte, sino los móviles que la animan». [v]
La eutanasia tiene por finalidad evitar sufrimientos insoportables o la prolongación artificial de la vida a un enfermo. Para que la eutanasia sea considerada como tal, el enfermo ha de padecer, necesariamente, una enfermedad terminal o calificada de incurable, y en segundo lugar, el personal sanitario ha de contar expresamente con el consentimiento del enfermo o de familiares, según sean las circunstancias en las que se encuentre el propio enfermo.
En torno a la práctica de la eutanasia existen varias modalidades, dependiendo de las circunstancias en que se encuentre el paciente o enfermo terminal:
Eutanasia directa: Adelantar la hora de la muerte en caso de una enfermedad incurable, ésta a su vez posee dos formas:[vi]
a) Activa: Consiste en provocar una muerte indolora a petición del afectado; el caso más frecuentemente mostrado es el de cáncer, pero pueden ser también enfermedades incurables como el sida. Se recurre, como se comprende, a sustancias especiales mortíferas o a sobredosis de morfina.
b) Pasiva: Se deja de tratar una complicación, por ejemplo una bronconeumonía, o de alimentar por vía parenteral u otra al enfermo, con lo cual se precipita el término de la vida; es una muerte por omisión. De acuerdo con Pérez Varela «la eutanasia pasiva puede revestir dos formas: la abstención terapéutica y la suspensión terapéutica. En el primer caso no se inicia el tratamiento y en el segundo se suspende el ya iniciado ya que se considera que más que prolongar el vivir, prolonga el morir». Debe resaltarse que en este tipo de eutanasia no se abandona en ningún momento al enfermo.
Eutanasia indirecta: Consiste en efectuar procedimientos terapéuticos que tienen como efecto secundario la muerte, por ejemplo la sobredosis de analgésicos, como es el caso de la morfina para calmar los dolores, cuyo efecto agregado, como se sabe, es la disminución de la conciencia y casi siempre una abreviación de la vida. Aquí la intención, sin duda, no es acortar la vida sino aliviar el sufrimiento, y lo otro es una consecuencia no deseada. Entra así en lo que desde Tomás de Aquino se llama un problema de doble efecto, que resulta previsto pero no buscando que sea adelantada la muerte del paciente.
Existen otros conceptos relacionados: Suicidio asistido, ortotanasia y distanasia. El primero, se refiere a significa proporcionar en forma intencional y con conocimiento a una persona los medios o procedimientos o ambos necesarios para suicidarse, incluidos el asesoramiento sobre dosis letales de medicamentos, la prescripción de dichos medicamentos letales o su suministro. Se plantea como deseo de extinción de muerte inminente, porque la vida ha perdido razón de ser o se ha hecho dolorosamente desesperanzada. Cabe destacar, que en este caso es el paciente el que voluntaria y activamente termina con su vida, de allí el concepto de suicidio.
El segundo, consiste en dejar morir a tiempo sin emplear medios desproporcionados y extraordinarios. Se ha sustituido en la terminología práctica por muerte digna, para centrar el concepto en la condición (dignidad) del enfermo terminal y no en la voluntad de morir.
El tercero o distanasia, consiste en el «encarnizamiento o ensañamiento terapéutico», mediante el cual se procura posponer el momento de la muerte recurriendo a cualquier medio artificial, pese a que haya seguridad de que no hay opción alguna de recuperar la salud, con el fin de prolongar la vida del enfermo a toda costa, llegando a la muerte en condiciones inhumanas. Normalmente se hace según los deseos de otros (familiares, médicos) y no según el verdadero bien e interés del paciente.
Con base en los conceptos arriba descritos, se puede decir que en el caso del empresario británico, Peter Smedley ingerió una dosis del fármaco de nombre Nembutal mezclado con chocolate, como ejemplo de suicidio asistido, porque así lo solicitó.
Christian Rossiter, de 49 años, logró judicialmente el derecho a no recibir tratamiento en septiembre del 2009. El juez declaró que le dio permiso precisisando que no se trata de un caso de eutanasia. El tetrapléjico australiano consiguió morir de forma voluntaria después de haber obtenido hacía un mes la autorización de un juez que, sin embargo, le negó el derecho a la eutanasia, informó su familia. Este caso en realidad se trata de una práctica de eutanasia directa pasiva, aún cuando el juez diga lo contrario.
Desde el punto de vista histórico, la eutanasia no es algo nuevo; está ligada al desarrollo de la medicina moderna. El sólo hecho de que el ser humano esté gravemente enfermo ha hecho que en algunas distintas sociedades la cuestión quede planteada. La eutanasia es un problema persistente en la historia de la humanidad en el que se enfrentan ideologías diversas.
La eutanasia no planteaba problemas morales en la antigua Grecia: la concepción de la vida era diferente. Una mala vida no era digna de ser vivida y por tanto ni el eugenismo, ni la eutanasia suscitaban grandes discusiones. Hipócrates representa una notable excepción: prohíbe a los médicos la eutanasia activa y la ayuda para cometer suicidio.
Durante la Edad Media se produjeron cambios frente a la muerte y al acto de morir. La eutanasia, el suicidio y el aborto bajo la óptica de creencias religiosas cristianas son considerados, a la fecha, como «pecado», puesto que la persona no puede disponer libremente sobre la vida, que le fue dada por Dios. El arte de la muerte (ars moriendi), en la cristiandad medieval, es parte del arte de la vida (ars vivendi); el que entiende la vida, también debe conocer la muerte. La muerte repentina (mors repentina et improvisa), se consideraba como una muerte mala (mala mors). Se quiere estar plenamente consciente para despedirse de familiares y amigos y poder presentarse en el más allá con un claro conocimiento del fin de la vida.
La llegada de la modernidad rompió con el pensamiento medieval, la perspectiva cristiana dejó de ser la única y se conocen y se discuten las ideas de la Antigüedad clásica. La salud puede ser alcanzada con el apoyo de la técnica, de las ciencias naturales y de la medicina.
Hay pensadores que justificaron el término activo de la vida, condenado durante la Edad Media. El filósofo inglés Francis Bacon, en 1623, es el primero en retomar el antiguo nombre de eutanasia y diferenció dos tipos: la «eutanasia exterior» como término directo de la vida y la «eutanasia interior» como preparación espiritual para la muerte. Con esto, Bacon se refirió, por una parte, a la tradición del «arte de morir» como parte del «arte de vivir», pero agrega a esta tradición algo que para la Edad Media era una posibilidad inimaginable: la muerte de un enfermo ayudado por el médico. Tomás Moro, en la Utopía (1516), presenta una sociedad en la que los habitantes justifican el suicidio y también la eutanasia activa, sin usar este nombre.
El concepto de «dignidad humana» se invoca tanto para defender la eutanasia como para rechazarla. Así, para los defensores de la eutanasia, la dignidad humana del enfermo consistiría en el derecho a elegir libremente el momento de la propia muerte; para sus detractores, la dignidad humana obliga a oponerse a la eutanasia, por considerarlo una arbitrariedad humana frente a un problema moral, ya sea fundamentado en la religión (la elección de la muerte es una decisión exclusivamente divina) o en principios de carácter laico e incluso ateos.
Posturas a favor y en contra
El punto central de debate está en que si el provocar la muerte es un homicidio o un acto de compasión. Existen médicos, abogados y religiosos en ambos bandos sin llegar a un consenso para poder legislar sobre el ejercicio de la eutanasia. Tratando de ser lo más objetivo que se pueda se expondrán en los siguientes párrafos los principales juicios que aprueban o rechazan la muerte asistida.
Entre los argumentos a favor, desde siempre, los médicos han participado en la toma de decisiones sobre el fin de la vida y actualmente es común suspender o no instaurar tratamientos en determinados casos, aunque ello lleve a la muerte del paciente. Sin embargo, a veces los médicos deciden por su propia parte si el paciente debe morir o no y provocan su muerte, rápida y sin dolor. Es lo que se conoce como limitación del esfuerzo terapéutico, limitación de tratamientos o, simplemente, eutanasia agresiva. Normalmente la eutanasia se lleva a cabo con el conocimiento y anuencia de los familiares y/o curadores del paciente. En medicina, el respeto a la autonomía de la persona y los derechos de los pacientes son cada vez más ponderados en la toma de decisiones médicas. En sintonía con lo anterior, la introducción del consentimiento informado en la relación médico-paciente, y para éstas situaciones, la elaboración de un documento de voluntades anticipadas sería una buena manera de regular las actuaciones médicas frente a situaciones hipotéticas donde la persona pierda total —o parcialmente— su autonomía para decidir, en el momento, sobre las actuaciones médicas pertinentes a su estado de salud.
Desde el punto de vista jurídico, la despenalización de la eutanasia no significa obligatoriedad absoluta. No se puede imponer el criterio de un conglomerado al ordenamiento jurídico de todo un territorio, por lo que el derecho debiera asegurar los mecanismos para regular el acceso a la eutanasia de los pacientes interesados que cumplan unos requisitos especificados legalmente; así como de la legalidad y transparencia de los procedimientos. La sociedad moderna basa su ordenamiento jurídico en la protección de los derechos humanos. En este sentido, cada enfermo tiene derecho a decidir, previa información, sobre los asuntos que pertenecen a una esfera tan privada como su cuerpo; y en virtud de esto, decidir cómo quiere seguir -o no seguir- viviendo.
Por su lado, los argumentos en contra inciden en la «inviolabilidad» de la vida humana, la defensa de su dignidad independientemente de las condiciones de vida o la voluntad del individuo implicado, y las repercusiones sociales de desconfianza que podría conllevar la eutanasia. La Asociación Médica Mundial considera contrarios a la ética y condena tanto el suicidio con ayuda médica como la eutanasia. En cambio recomienda los cuidados paliativos. La eutanasia, es decir, el acto deliberado de poner fin a la vida de un paciente, aunque sea por voluntad propia o a petición de sus familiares, es contraria a la ética. Ello no impide al médico respetar el deseo del paciente de dejar que el proceso natural de la muerte siga su curso en la fase terminal de su enfermedad. El Comité Permanente de Médicos Europeos anima a todos los médicos a no participar en la eutanasia, aunque sea legal en su país, o esté despenalizada en determinadas circunstancias.
La postura de las iglesias cristianas en tanto, a nivel mundial, es mayoritariamente contraria a la eutanasia y al suicidio asistido: es el caso de la Iglesia Católica Romana y de las Iglesias evangélicas y pentecostales. La postura del actual papa Benedicto XVI quedó explícitamente recogida en una carta (de 2004) a varios eclesiásticos estadounidenses: No todos los asuntos morales tienen el mismo peso moral que el aborto y la eutanasia. Por ejemplo, si un católico discrepara con el Santo Padre sobre la aplicación de la pena de muerte o en la decisión de hacer la guerra, éste no sería considerado por esta razón indigno de presentarse a recibir la Sagrada Comunión. Aunque la Iglesia exhorta a las autoridades civiles a buscar la paz, y no la guerra, y a ejercer discreción y misericordia al castigar a criminales, aún sería lícito tomar las armas para repeler a un agresor o recurrir a la pena capital. Puede haber una legítima diversidad de opinión entre católicos respecto de ir a la guerra y aplicar la pena de muerte, pero no, sin embargo, respecto del aborto y la eutanasia. Las iglesias luteranas y metodistas en cambio, como asimismo la mayoría de las afiliadas a la Comunión Anglicana se oponen en principio, pero dan espacio para la decisión individual caso a caso. Por otro lado, varias iglesias han optado por no pronunciarse a este respecto y enfatizar el valor de la conciencia individual en cuestiones éticas, es el caso de las iglesias católicas afiliadas a la Unión de Utrecht, y algunas Iglesias presbiterianas, entre otras.
Intentos de legislación
A continuación, se mencionarán los intentos por legalizar la eutanasia. En algunos casos se logró la aprobación de la ley y en los demás sólo quedó en intentos por falta de consensos entre los responsables de la actividad legislativa; pero sobre todo por la falta de participación de la ciudadanía para contar con este instrumento legal que le poder decidir sobre la forma de morir.
El primer país que se tiene noticia en los últimos veinte años es Dinamarca la ley autoriza al paciente que sufre una enfermedad incurable a decidir por sí mismo el cese del tratamiento. Desde el 1 de octubre de 1992, en caso de enfermedad incurable o de accidente grave, los daneses pueden hacer un "testamento médico", que los médicos deben respetar.
En Gran Bretaña, la eutanasia es ilegal. Pero entre 1993 y 1994 la justicia autorizó a varios médicos a desactivar los aparatos de pacientes que eran mantenidos en vida artificialmente. En Escocia, por vez primera, un enfermo fue "autorizado a morir" en junio de 1996.
En Holanda, la eutanasia fue parcialmente descriminalizada en mayo de 1994, pero sigue siendo delito pasible de una pena máxima de 12 años de cárcel. El médico puede proceder a la eutanasia de los pacientes que padecen un "sufrimiento insoportable" y que expresaron por escrito varias veces su deseo de tener una muerte sin dolor. No obstante, el médico está obligado a pedir la opinión de un colega y a informar a las autoridades judiciales, únicas habilitadas a decidir si corresponde realizar un proceso.
En Estados Unidos, la ley federal prohíbe la eutanasia. En noviembre pasado, los electores de Michigan se opusieron mediante referéndum a la legalización del "suicidio asistido". Oregon es el único estado que lo autoriza, desde 1994, para los enfermos declarados en fase final que lo piden formalmente. No obstante, en abril de 1996, el tribunal federal de apelación de Nueva York, competente también para Vermont y Connecticut, autorizó la eutanasia médica.
En Australia, una ley que legalizaba la eutanasia, fue votada en julio de 1996 por el Parlamento de los Territorios del Norte. Pero el Parlamento federal la abrogó unos meses después. El llamado "Doctor Muerte", quien dirige la organización "Final Exit" ("salida final") que facilita información sobre la eutanasia, manifestó que cuando se apruebe evitará que el médico que ayude a su paciente a morir no tenga que pasarse 10 años en la cárcel. El proyecto depende de la aprobación de una propuesta de ley presentada al Parlamento del estado de Australia del Sur, en cuya capital, Adelaida.
El Tribunal constitucional de Colombia admitió en mayo de 1997 la práctica de la eutanasia para los enfermos en fase terminal que la reclaman expresamente. Adicionalmente, se comenta que un proyecto que pretendía reglamentar la eutanasia en el país, fue retirado del Senado por el senador oficialista Armando Benedetti Villaneda, pues, señaló, no se tenían los votos suficientes y el texto sería derrotado por los defensores de la vida.
En 1998, el gobierno de China autorizó a los hospitales a practicar la eutanasia para los pacientes en fase terminal de una enfermedad incurable.
El 27 de septiembre de 1999, la Comisión Especial de estudio de la Eutanasia, constituida año y medio antes por el Senado, condujo una sesión informativa en la cual una senadora socialista, expresó su deseo de preparar un informe con el consenso de todas las fuerzas políticas del país "que ahonde en la teoría del consentimiento informado, en el marco de la Ley General de Sanidad, primer paso para lograr la despenalización de la eutanasia activa en España". Posteriormente, el Gobierno español anunció para marzo del próximo año, es decir para el 2011, la presentación de una Ley de Cuidados Paliativos y Muerte Digna, destinada a garantizar los derechos de los pacientes en situación terminal.
Bélgica, la ley belga sobre la eutanasia, que entró en vigor en 2002, permite esta práctica bajo condición de que el paciente sea mayor de edad, capaz y consciente en el momento de presentar su petición y que padezca "sufrimiento físico o psíquico constante e insoportable, que no pueda ser calmado, causado por una afección accidental o patológica incurable". Bruselas.- Bélgica registró 705 casos de eutanasia durante el año pasado, lo que supone un 42 por ciento más que en 2007, según datos de una comisión federal de control que publica hoy el diario "L'Avenir". La cifra supone una progresión constante de la eutanasia desde los 235 casos registrados en 2003, aunque según Jacqueline Herremans, presidenta de la Asociación por el Derecho a Morir Dignamente (ADMD) y miembro de la Comisión Federal de Control y Evaluación de la Eutanasia, "se trata de una evolución lenta, no de una revolución". Entre los casos de eutanasia declarados, alrededor de un 80 por ciento han sido solicitados por enfermos de cáncer a quienes los médicos les habían pronosticado tan sólo unas semanas o un mes de vida.
En París, Francia, en abril del 2007, el debate sobre la eutanasia en el mundo fue reactivado a raíz de la condena el martes en Pontiac (Michigan, EEUU) del doctor Jack Kevorkian a diez años de prisión por haber matado, a su pedido, a un enfermo incurable. Para ese debate se tomó en cuenta las experiencias de los demás países donde existe legislación, así como los intentos en la materia.
El Parlamento de Luxemburgo aprobó, el 19 de febrero del 2008, la legalización de la eutanasia, así como la financiación estatal de la medicina paliativa para pacientes con enfermedades terminales. Otra de las cosas que se acordó en el Parlamento fue que para las personas que se encuentran inconscientes es necesario un certificado anticipado de su voluntad. Además se destacó que los médicos están obligados a conversar varias veces con los pacientes sobre su decisión y a pedir asesoramiento a otro médico. Por su parte el sitio web alemán www.hwelt.de señala que los pacientes de entre 16 y 18 años pueden pedir la eutanasia con la aprobación de sus padres o representantes legales. Asimismo, el sitio web hpd-online.de informó que aquellos que se oponen a la decisión tomada en el parlamento temen que se abuse de la eutanasia, porque esta puede provocar en más pacientes con enfermedades incurables el deseo de muerte, o porque pueden practicarla a niños minusválidos o con deformaciones. Según uno de los diarios de mayor circulación local el 78,3 por ciento de la población está a favor de la Eutanasia. Y los resultados por edad y formación revelaron que la aceptación de esta práctica aumenta entre los más jóvenes y los más formados.
En Perú, en octubre del 2009, se presentó el proyecto de ley que busca despenalizar la eutanasia, que implica dar muerte de una persona que se encuentra en estado de salud grave, genera polémica en el país. La primera reacción la formuló el decano del Colegio de Abogados de Lima quien expresó la necesidad de debatir sobre la posibilidad de dar una muerte digna a la persona que en estado consciente e informada decida morir. "De lo que se trata en el fondo es el derecho a la dignidad, que significa no sólo vivir dignamente, sino también que sea la persona consciente y debidamente informada quien decida libremente por poner fin a su existencia y no someterse a situaciones que lo degraden físicamente", explicó. "Lo que se discute es eso, hasta qué punto el Estado puede decidir sobre la vida de una persona, es decir, mantenerlo en vida cuando una persona ya ha decidido poner fin a su existencia", anotó en diálogo con RPP. La segunda reacción provino del decano de la Universidad San Pablo de Arequipa, quien sostuvo que es importante entender que la Constitución Política señala que la persona y la defensa de su dignidad es el fin supremo de la sociedad y del Estado.
En Suecia, la "ayuda al suicidio" es un delito despenalizado. En casos extremos, los médicos pueden desconectar los aparatos respiratorios.
En el caso de México, se tiene que un miembro del Colegio de Bioética, en congreso celebrado en febrero del 2007, se pronunció en favor de la legalización de esta práctica médica para casos específicos y con el objetivo de preservar la dignidad de las personas. Asimismo, el director del Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias (INER), advirtió sobre las desigualdades que persisten en el país, el analfabetismo y la falta de acceso a los servicios de salud en que todavía se encuentran los municipios más pobres. Estas condiciones limitan la autonomía y poder de decisión de los individuos, afirmó. Como se puede apreciar, no existe fecha para someter a la consideración del Poder Legislativo la iniciativa de ley para legalizar la eutanasia en México, a pesar que en país se practica la eutanasia de manera clandestina.
Como se puede apreciar en los últimos veinte años apenas 12 países han podido avanzar con la legalización de la eutanasia, otros como México se practica de manera discrecional, los demás ven la eutanasia como un tabú.
Algunas reflexiones sobre el valor ético de la eutanasia
Matar es quitar la vida de otro(s) de manera imprudencial o con premeditación y es un delito contemplado en el código penal de todo país. Es, asimismo, un pecado contemplado en cualquier religión. Es por tanto, la decisión de una persona física o la autoridad del poder ejecutivo o judicial sobre otra u otras personas con diversos intereses, justificados o no; pero en ningún caso se tomó en cuenta si la víctima podría sufrir o dejar de sufrir. Este tipo de muerte: homicidio, crimen imprudencial, pena capital, responde a los intereses de quien comete el crimen, ya sea intelectual o material.
Por otro lado, la única razón justificable de matar o asistir al suicidio de una persona es por el hecho de reducir el sufrimiento de alguien que esté condenado a morir o sin posibilidad de encontrar su sanación como son los casos de cáncer en su fase final o daño cerebral, por dar algunos ejemplos.
La diferencia entre matar en términos generales y matar por asistir a una persona desahuciada o practicar la eutanasia es la intención del acto. En el primer caso, se puede presumir el posible beneficio económico, político, jurídico o psicológico de quien comete el crimen u homicidio; mientras que en el segundo caso, la intención, el móvil o propósito es buscar un cierto beneficio para el enfermo en etapa final.
Por otra parte, y de conformidad con los mandamientos dados por Dios, concretamente el quinto mandamiento dice: “No matarás”. Sobre este mandamiento, el espíritu de él es preservar la obra de Dios. A Dios corresponde dar y quitar la vida; sin embargo, cuando se practica el acto de eutanasia no se pretende estar por encima de la voluntad de Dios, eso jamás. Más bien se obra por amor al prójimo, es un acto de misericordia, de compasión para con el enfermo en su etapa final. ¿Si Dios puede perdonar los pecados, que muchas veces son graves y llenos de soberbia, codicia, odio, rencor, maldad, no perdonaría perdonar éste que se hace por el sólo hecho de tener compasión para el prójimo?
La eutanasia debe de formar parte de los derechos humanos por formar parte de los bienes primarios o básicos que incluyen a toda persona, por el simple hecho de su condición humana, para la garantía de una vida digna, incluida su muerte. Adicionalmente, se sabe que los derechos humanos son herederos del Derecho Natural. El conjunto de estos derechos constituyen la gran fuerza moral para las sociedades en general, cualquiera que sea su religión, etnia o sistema económico y político que los regule. Legalmente se reconocen en cada sistema jurídico de muchos países, así como en tratados internacionales. Los derechos humanos son la base ética y moral en que deben de regular el orden geopolítico contemporáneo. La Declaración Universal de los Derechos Humanos, instaurada en 1948 y enriquecida a la fecha, se ha convertido en una referencia clave en el debate ético-político actual. El lenguaje de los derechos humanos se ha incorporado a la conciencia colectiva de muchas sociedades y más con la presencia de la globalización y la tecnología moderna de las telecomunicaciones. Por tanto, sólo hace falta que los individuos participen activamente para revisar, con sentido crítico, objetivo y propositivo, la posibilidad de incorporar a su respectivo sistema jurídico la legislación sobre la eutanasia, para gozar de una muerte digana.
Con base en todos los elementos aquí expuestos queda sólo hacer la siguiente pregunta: ¿Cómo desea morir, estimado lector?

Héctor Pineda Contreras
Ciudad de México, México
Junio del 2011


[v] Ibidid op cit
[vi] Ibidid op cit